— Uffff. Estás hasta el cuello. — Declaró Paúl mirando el paisaje. Yo seguí su mirada y observé los alrededores, aliviado, como si hubiese soltado un peso, relajándome, pensando. — Escucha. — Con cierta duda en su tono, Paul interrumpió mi minuto de paz interior. — No debería decirte esto, pero eres mi mejor amigo.
— ¿Qué dices?. — Lo observé fijamente, confundido.
— Sabes que no me gusta meterme en estas cosas, no es mi asunto. Aun así, creo que debes saberlo. — Argumenta algo apresurado. — A