Logan se interpuso con un rugido, disparando contra los mercenarios mientras Mateo cubría el flanco izquierdo, cada bala una declaración desesperada de resistencia. El laboratorio estalló en caos: proyectiles silbando, cristales rompiéndose en mil pedazos, y las cápsulas liberando un líquido espeso y viscoso que se esparcía por el suelo como un río de pesadillas.
Sophie, agazapada tras el panel de control, observaba con ojos muy abiertos cómo el virus avanzaba en la pantalla. El porcentaje subí