14 de Julio de 1815, Londres.
Esa mañana se había despertado temprano como solía hacerlo, al saltar de la cama en medio de un bostezo se estiró correctamente para preparar su cuerpo ante el nuevo día, primero brazos, espalda, cuello y al final las piernas, era una sensación liberadora que le fascinaba, para luego ir en dirección a las enormes ventanas que decoraban una pared de la estancia que daban con la calle principal y corrió las cortinas,