10 de Julio de 1815, Londres.
Esa mañana Evangeline se levantó de buen humor, se sentía un poco más calmada, desde el día anterior la lluvia no había dado tregua alguna, el cielo se encontraba gris y nublado, podía observar a través de las ventanas de su alcoba como las personas corrían para resguardarse de la incesante tormenta, no se podía distinguir ninguna figura y las calles estaban enlodadas. Respiró profundamente, alejando sus miedos y tuvo la valentía de sonreír al vidrio que la protegí