Aún estaba al pendiente de su hijo, su semblante seguía mejorando pero no estaba del todo recuperado, tenía una leve gripe que lo hacía estornudar de vez en cuando y su temperatura corporal a veces subía produciéndole ligeros quebrantos. Cuando James se levantó esa mañana el clima era inclemente, la lluvia arreciaba contra las ventanas y John se mostraba intranquilo por los fuertes sonidos del agua contra el vidrio, por ende, cerró las cortinas y encendió otra vela para iluminar la habitación,