James no pensó en nada más y se enfocó en la empresa que traía entre manos, celosamente guardó la carta de nuevo en el bolsillo interno de su chaqueta, ahora tenía una nueva resolución, tomó su carruaje y le indicó al cochero el destino al que debían llegar. El camino se le hizo eterno, mientras atravesaban las calles de adoquines con el bullicio de la ciudad, él se sentía inquieto y lo demostraba repiqueteando la punta del pie izquierdo contra la madera del piso del carruaje, estuvo a punto de