Mundo ficciónIniciar sesión– Irán a ver su tío Arminio, él está en esta dirección – dijo nuestro padre, pasándonos un sobre que contenían algunas direcciones y un poco de dinero – deben cuidarse – dijo sin poder observarnos – deben cuidar a su hermana, en el mejor de los casos nos volveremos a ver ¿está bien? – solo asentimos, ya éramos mayores, sabíamos a lo que se refería – estudien, cumplan sus sueños, sus metas, vivan tan bien como sus manos, esfuerzos y la vida les permita – escuche que dijo y luego nos despedimos, ya estábamos fuera de la estación.
Nos bajamos de la camioneta, vimos como mis padres besaban a Simona, mi madre se bajó y nos abrazó a los tres, mi padre no tuvo el valor, siempre nos había dicho que la familia se debía mantener unida, pero esta vez había errado sus dichos, inconscientemente mi hermano rodeo el carro y abrazo a nuestro padre por la ventana, este le devolvió el gesto con una palmada en la espalda, mientras lo escuche decir – cuida de tus hermanos – para que luego Samuel volviera a nuestro lado.
Fue así como comenzó nuestro desafortunado paso por la ciudad de São Paulo, en nuestro país de origen, como mamá lo había predispuesto, nuestro tío no nos estaba esperando, llegamos a la concurrida ciudad casi amaneciendo, nos habíamos tenido que pasear con Simona gran parte del viaje, aún era muy joven para solo estar con sus dos hermanos mayores.
Con lo poco que traíamos compramos algo para comer y entre preguntas a la gente y algunas calles que tenían letreros con su nombre, llegamos al primer lugar de la lista, para nuestra sorpresa era una iglesia, pero no, allí no se encontraba, estuvimos medio día yendo a otras tres direcciones diferentes sin lograr nada.
Estaba cayendo la noche, no nos podíamos permitir pasarla en la calle, llevábamos con nosotros a una señorita y aunque Simona tenía su carácter y había sido criada en el campo, seguida siendo una niña, nuestra hermana y como papá había dicho debíamos cuidar de ella, por lo que decidimos acudir a la dirección que seguía en la lista y luego buscar donde dormir.
– Ya mañana será otro día – dijo mi hermano. Justo en el momento en que tomaba a nuestra hermana de la mano y comenzábamos a caminar – Buenas tardes – dijo Samuel con voz clara, esta vez era un lugar enorme, parecía un enorme colegio – buscamos a Arminio Do Santos – el hombre nos miró con desconfianza y cerró el pequeño hueco por donde nos contestó y un sonido de llaves se hizo presente. Las puertas del lugar estaban abiertas de par en par, el lugar parecía un castillo, pero era una casa parroquial, más tarde supimos que era más bien la casa parroquial central, de aquí se daban órdenes a los diferentes sacerdotes que había en el país.
– ¿Buscan al padre Arminio? – preguntó el hombre y asentí junto a mi hermano – síganme – ordeno y enseguida nos apresuramos.
El señor miguel, como se presentó nos llevó hasta el segundo piso de la enorme casa, allí llamó a una puerta y cuando fue abierta los ojos verdosos de nuestro tío se llenaron de lágrimas y abrió sus brazos para recibirnos.
Verlo de esa forma, haberlo encontrado, fue un cúmulo de sensaciones, encontrarlo significaba que estábamos lejos de nuestros padres, que ese miedo que traíamos desde que nos dejaron en frente de la estación se cumpliría, no los volveríamos a ver. Mire al suelo sin poder articular palabras, mientras que Samuel se limpió la mejilla disimuladamente, no podíamos estar tristes en ese momento, no podíamos permitir que Simona se diera cuenta de lo que pasaba, era lo que más cuidamos.
Después de los saludos, nuestro tío nos llevó hasta un apartado que tenía su nombre en la puerta, este comenzaba por una oficina, para luego entrar a una sala con tres puertas, allí dos dirigían a recámaras y una a un baño, él nos dejó solos para que nos diéramos un baño mientras él buscaba algo para comer, los tres nos instalamos en una de las habitaciones y cuando mis hermanos estaban en sus cosas me dejé caer sobre la cama.
Mi primer pensamiento fueron mis padres, pero seguidos de Luciana, su suave piel, sus exquisitos, pechos, su humedad y pliegues que me llevaron al cielo, uff sin querer ya tenía una poco disimulable erección, pero luego sus palabras retumbaron mi mente
– te esperaré – ¿será eso verdad?







