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Un golpe me despertó, su sonido hizo eco en nuestra casa, escuché a mi padre gritar y por la ventana me di cuenta de que había algunos hombres de traje parados en la entrada de nuestra finca, podía adivinar que eran del banco, este año la cosecha se había echado a perder, por lo que habíamos acarreado algunas deudas que amenazaban con quitarnos lo único que conocíamos.
Samuel, mi hermano mayor trajo a Simona, ella aun pequeña no entendía muy bien y trataba de esconderse entre nosotros por los fuertes golpes en nuestra puerta, mi padre salió a atenderlos, mientras escuchábamos los sollozos de mi madre, ese día en particular lo recuerdo por completo.
Ese mismo día por la tarde, mi padre nos ordenó empacar lo más esencial, una vieja maleta y un pequeño bolso de mano de mi hermano fueron lo único que teníamos, y junto a un par de bendiciones de los ojos llorosos de nuestra madre, no fueron entregados 3 tiquetes para el tren de la 4 de la tarde.
Apenas tuve tiempo salí corriendo hasta el campo vecino, allí tenía la intención de ir hasta la casa de los Sousa, pero ¿con qué excusa? ¿No podía llegar buscando directamente a Luciana? ¿Qué podría hacer? Respire profundo, tratando de calmar mi respiración y a plantearme nuevamente mis posibilidades, sabía que esta era mi única oportunidad de ver la antes de este viaje, algo en mí me decía que no la vería por mucho tiempo y aunque éramos jóvenes, cualesquiera que nos viera sabía que algo había entre nosotros.
Rápido me escabullí hasta la puerta trasera de la casona, contando las ventanas pude llegar hasta la de mi preciosa Lu, ella estaba sentada en su tocador haciendo sus deberes, porque ella estudiaba, sus padres podían darse ese lujo. Toqué la ventana mientras me reprochaba mis pensamientos, ella enseguida me abrió, de un salto entre y apenas estuve allí la tomé entre mis brazos.
Un beso lleno de calor dejó en mis labios, rápido se separó de mí y paso cerrojo en la puerta, me empujo a la cama y tan pronto me acomodo se montó sobre mí, sus movimientos provocan que mi erección crezca casi inmediatamente, con mis manos tomo sus pechos, siempre somos rápidos, siempre tenemos poco tiempo, engullo uno de sus pechos mientras apretó en erecto pezón del otro, escucho un pequeño gemido y poco a poco, bajo desde el pezón hasta la su centro, mi maestra mano se introduce en su braga y pronto me doy cuenta de lo húmeda que está.
Mordisqueo su pecho y antes de que pueda decirme algo introduzco dos dedos entre sus pliegues, un respingo da enseguida, pero no dejo que diga nada y comienzo a mover mis dedos, me encanta ver como su vaivén sobre mi mano la lleva al borde del orgasmo, me pide que me detenga, pero no lo hago contrario a eso, lamo sus pechos y con mi pulgar comienzo a estimular su voto de placer, sus gemidos suben de nivel aun controlando su volumen, poco a poco va pidiéndome más hasta que da un respingo y se deja caer agitadamente hacia mí, me besó nuevamente, desbordamos de pasión, como los jóvenes que somos.
Cuando su respiración vuelve a la normalidad, nos saludamos normalmente, ella me besa, disfruto de eso en silencio, siempre me gusta como comienzan nuestros encuentros, pero esta vez Lu va más allá y sobre la tela de mi pantalón pasa su mano rozando mi aun crecida erección.
– Bonita – trato de hablar, pero ella no parece prestar atención – bonita – tomó su mano y aunque esto dolerá, la aparto de mi abultado pantalón, ella me mira algo confusa – tenemos que hablar – me besa.
– Podemos hablar después – susurra sobre mis labios y poco a poco baja hasta el botón de mi pantalón.
– Nos vamos a ir, mis padres me están enviando donde nuestro tío a São Paulo – ella se detiene en seco y me observa – nos vamos esta tarde – finalizó. Su mirada es de confusión, luego se coloca pensativa y pronto me sorprende volviendo a poner su mano sobre mi pantalón.
– Aprovechemos – dijo mientras sacaba mi miembro y lo empuñaba con su mano, comenzando a moverla de arriba abajo – no sabemos cuándo – hizo una pausa para pasar su lengua por la punta redondeada de mi erección - nos volveremos a ver – ella tenía razón.
Una vez dejó de hablar volvió su lengua a su faena, por inercia hice mi cabeza hacia atrás, lo que estaba haciendo Luciana era exquisito, pero pronto se levantó y sin decir nada se montó sobre mí, dejándome sentir como sus pliegues se abren para mí, me insto a que me acomoda, no podía creer que por primera vez mi miembro estuviera dentro de ella, sus movimientos acertados me dejaban sin aliento, en un momento de fuerza me enderece y me sacie de sus pechos, los amaba, pronto ella comenzó a gemir, lleve mi pulgar a su centro y con sutiles movimientos circulares la lleve al orgasmo.
Mientras trataba de regular su respiración, me levanté con ella en brazos, dejándola en el suelo y haciendo que se agachaba, dejándome su trasero a mi merced, busque su humedad aun lubricada y entre de golpe, un respingo seguido por un gemido delataba su placer, comencé siendo gentil, pero a cada embestida necesitaba más, de esa forma mi ritmo fue subiendo, y salía y entra, salía y entraba, repitiendo el movimiento, escuchando como nuestras carnes sonaban al choque, provocando que el calor se apodera de mí y llegara a mi clímax, dejando salir mi néctar por completo.
Entre jadeos nos volvimos a vestir, en qué momento la ropa fue innecesaria, no lo sabía, pero cuando un sonido por el pasillo se escuchó, rápido nos despedimos.
– Volveré – declaré, Lu me beso.
– Te esperaré – sus ojos brillaban y el rojo de rostro le daba un toque exquisito, me volvió a besar, pero esta vez mordió mi labio – prometo que esperaré – susurro y volví a echarme a correr.
Corrí hasta mi casa, sin detenerme, cuando entre a los predios de mi familia aligere un poco el paso, pero cuando vi que mis padres ponían nuestras cosas sobre la camioneta me apresure.







