CAPÍTULO 14
Salvatore la despertó antes del amanecer, para que de nuevo fuera con él a inspeccionar los viñedos.
—Buenos días, Marco.—el saludo cortés de su marido fue pronunciado con cierto sarcasmo, que los oídos sensitivos de Sydney no dejaron de percibir—. ¿Está enfermo Pablo?
—No, pero lo dejé dormir un poco más esta mañana —contestó el hombre llamado Marco.
A Sydney le pareció que el individuo la estaba observando con atención, pero no podía estar segura, porque sus ojos quedaban ocultos