Capítulo 13
Su desafío era innegable.
Sydney levantó la cabeza, llena de orgullo, y sus ojos azules se oscurecieron. Hizo un leve movimiento de cabeza hacia la mujer y se volvió hacia Salvatore.
—¿Podemos irnos a almorzar ahora, mi amor? —preguntó, sintiendo en el fondo de su mente que había aceptado el reto que le había lanzado la otra. Se obligó a dar un tono alegre a su voz—. Me estoy muriendo de hambre y me gustaría saber cómo está Serafina.
Oyó cómo la mujer lanzaba una leve exclamación