CAPÍTULO 12
—¿Qué pasa, Sydney? —él se lanzó sobre ella con rapidez —. Acabas de recordar algo. ¿Qué es? ¡Dímelo! —la asió con fuerza de los hombros.
El fuego danzaba en sus ojos y destruyó su voluntad. Así que se lo dijo. Él la soltó con la misma brusquedad con que la agarro y la hizo tambalearse. Se dio la vuelta y se fue por el sendero que conducía a las oficinas.
Sydney lo siguió en silencio, sintiéndose miserable. Vestía un vestido azul marino, que era lo más apropiado que encontró en su f