Capítulo ocho. Tú eres solo mía
Lily se esforzó en no mirar a Athos, lo cual era muy difícil, ya que estaba muy atractivo con su traje gris oscuro, de exquisita confección, que resaltaba su poderoso físico a la perfección, una camisa blanca y una corbata de seda negra anudada a su cuello moreno. ‘Muy bien’, se dijo, ‘es guapísimo.'
'¡Supéralo!’, y se lo repitió hasta que los espectaculares ojos masculinos bordeados de negras pestañas eliminaron ese sensato pensamiento de su mente.
Ella tamb