Capítulo cincuenta y cuatro. No somos los mismos de antes.
El sonido del mar se mezclaba con el arrullo de un bebé dormido.
La villa Konstantinos en Santorini brillaba bajo la luz del amanecer, con sus paredes encaladas reflejando el sol dorado y el aroma del café recién hecho flotando en el aire.
Ariadna estaba sentada en la terraza, envuelta en una bata blanca, con Helios dormido sobre su pecho.
Tenía el cabello suelto, algo despeinado, y los ojos llenos de un cansancio dulce, de ese que solo