Capítulo cuarenta y tres. Felices para siempre
Diane se miró en el espejo una vez más en busca de algún elemento fuera de lugar. El vestido se deslizaba a la perfección por su piel mientras el escote de la espalda apenas dejaba nada a la imaginación.
Luego, acarició los finos rizos azabaches que le adornaban el rostro. Los estilistas estaban haciendo un trabajo excepcional con el peinado. Ella pensó que jamás había tenido un aspecto tan espectacular, sin embargo, continuaba rebuscando imperf