Capítulo cuatro. El deseo sigue latente.
El pervertido del bar con aspecto de Titán apareció frente a ella como una especie de espejismo e incluso llegó a dudar por unos segundos si era real o no.
Podría reconocer aquellas esferas esmeraldas con matices brillantes en cualquier sitio. De hecho, soñaba con ellos a menudo. Él también la reconoció y por varios minutos, ambos quedaron atrapados en la mirada del otro, encerrados en su propio mundo.
El desconocido llevaba un traje a la medida que marc