35.No eres frágil

Capítulo treinta y cinco. No eres frágil.

La tarde caía lentamente sobre la villa, pintando el cielo con tonos de ámbar y púrpura. Desde la terraza, Ariadna contemplaba el horizonte, intentando encontrar paz en el vaivén del mar. Cada ola parecía recordarle que su vida estaba a punto de cambiar para siempre.

Andreas se acercó en silencio, llevando consigo una carpeta de documentos que dejó sobre la mesa. Se inclinó hacia ella y le rozó suavemente el hombro.

—Necesitamos hablar de lo que viene.

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