Capítulo treinta y uno. Ladrón de niños
Thalia se obligó a salir del shock momentáneo. Sin embargo no dejaba de preguntarse internamente si su marido la habría escuchado.
—¿También pretendes oír todas mis conversaciones? —le reclamó indignada cuando logró reponerse y volver a sus cinco sentidos—. ¿Qué? ¿Ahora me has intervenido el teléfono y grabas mis llamadas, o hay algo más que deba saber?
Esa fue la mejor manera que encontró Thalia de tomar algo de tiempo y de a su vez, esperar a ver qué t