Capítulo treinta y dos. Un niño más en la casa
—¡Aquí tiene, señora!
Thalia estiró las manos hacia al vendedor y tomó el cuadro. Salió de la tienda con él entre sus brazos y miró, recostada en su coche y con detenimiento la foto que me había hecho a su marido y sus hijos la noche anterior.
Se replanteaba muchísimas cosas mientras observaba la pureza en la mirada de padre e hijos, y de cierta forma le había hecho sentir tan mal todo, que estuvo a punto de no acudir a la cita con la ex de Praxis