Capítulo 30. La verdad sobre Praxis
Thalia se había roto en diminutos pedazos y todo esos trozos estaban sobre su marido, en ese abrazo que se daban, en esas manos tomadas y en esos besos a su pelo mientras seguía ella sollozando en él.
Sin embargo pronto todo cambió y fue tan rápido como vino ese afecto… que como se fue.
—¿Qué me importa a mí que estés aquí? —le reclamó ella de repente y se apartó recordando las últimas palabras que él había mencionado—. Si yo estoy aquí también es tu culpa.