Capítulo veintiséis. No soy Cenicienta.
—¿Sabes? Tu casa es preciosa — dijo Lily en la noche después de despedir al servicio y hacer el amor en el salón frente a la televisión. Una ocurrencia por supuesto de Athos porque el muy ladino no podía agiantarse a llegar hasta el dormitorio.
—Es nuestra casa ahora, Liliana. Y respecto a eso… gracias. Aunque si te soy sincero, pensé que no te gustaría —reconoció el griego —. No es tan lujosa como la casa de mi hermano Praxis o la de mi madre en la qu