Capítulo veintiséis. No doy la apuesta por perdida
Athos no podía creer lo que estaba escuchando. Ni siquiera sabía cómo sentirse, si indignado o espantado. Y él no era un hombre que se espantara fácilmente, pero lo cierto es que aún no podía procesar del todo la noticia.
Porque todo lo que creía saber de Liliana Anderson era mentira. ¡Qué Anderson ni nada! Aquel no era ni siquiera su verdadero apellido.
—Me has mentido, me has mentido con cosas importantes que yo tenía que saber. ¡Malditą sea