Capítulo dieciocho.Los derroches de una madre.
Todas las puertas de la villa estaban abiertas. Britney sintió el frescor de la brisa en sus ardientes mejillas mientras se dirigía al despacho de Cosmos. Una puerta se golpeó en algún sitio, sonó un teléfono a lo lejos. Ni siquiera lo oyó. Todo lo que quería era devolver las joyas prestadas y volver con su único amigo: el trabajo.
—Aquí está… la reina del baile — Cosmos estaba sentado detrás de su mesa.
—Apenas — Britney hizo una mueca mientras