Capítulo diecisiete. Volver a estar juntos.
La boca hambrienta del griego se pegó a los labios del sexo de Lyli tan salvajemente rápido que esta solo pudo gritar de sorpresa y meter los dedos en su pelo mientras él bebía de su húmeda entrada. La muchacha estaba ávida y prieta, él sonrío al sentir que aquello era una inconfundible muestra de que nadie la había tocado en mucho tiempo. Eso aumentó su deseo de ella, de comersela mientras gritaba su nombre y dejarse llevar porque ya no podía más. Él