Capítulo trece. No deberíamos.
— Ha sido un beso estupendo — admitió, dándole la espalda al jardín para estudiar a la mujer con la que se había casado.
La luz de la luna hacía que su vestido blanco con escote palabra de honor pareciese brillar y Gael no podía apartar los ojos de ella.
El fino material del vestido destacaba su asombrosa figura. Todo en ella lo hacía desear abrazarla y besarla hasta que ninguno de los dos pudiese respirar. Y Gael nunca había sido famoso por su contención.