—Ven, pruébate este vestido —dijo Serena mientras tomaba la mano de Maya y la guiaba al vestidor.
Maya entró con su ropa normal: una falda corta con una camisa blanca.
Pero cuando salió del vestuario con el vestido puesto, la gente se quedó atónita.
Serena exclamó orgullosa:
—Mi hija es tan hermosa.
La vendedora de ventas añadió con entusiasmo:
—¡Sí! Este vestido es precioso. Te ves como un hada.
Serena frunció el ceño y replicó con evidente molestia:
—¿Quieres decir que el vestido es más bonit