Apagó el cigarrillo en el cenicero y caminó hacia ella.
La pierna de Maya ya no podía soportarlo más; el dolor la hizo temblar. Entró en pánico cuando lo vio acercarse.
Sus rodillas cedieron y terminó arrodillada frente a él, justo a la altura de su muslo.
La escena tenía un aire peligroso, cargado de tensión.
Maya se apresuró a levantarse, pero Alexander la sujetó por la barbilla y la atrajo hacia sí.
Su rostro quedó frente a su torso, tan cerca que su respiración chocaba contra los abdominale