Después de una breve siesta, Maya despertó y vio a Alexander en el sofá, trabajando en su portátil. El ambiente era silencioso.
Él levantó la mirada, como si hubiera sentido que estaba despierta.
Sus ojos negros, profundos como el abismo, se encontraron con los de ella. Maya no pudo evitar estremecerse.
Llamaron a la puerta.
Alexander bajó ligeramente la mirada.
—Adelante.
Jessica entró con una sonrisa profesional.
—Sr. Brook, es hora del chequeo. Si todo está bien, podrá recibir el alta.
Maya