Maya le devolvió la botella de vino a Sid y se la puso en los brazos.
—La próxima vez que quieras dárselo, compra uno mejor. Yo me encargaré de entregárselo.
—¡Está bien, no hay problema! —respondió él de inmediato.
Maya no añadió nada más y caminó hacia la sala VIP.
Al llegar a la puerta, chocó con alguien. Un leve aroma a colonia le invadió la nariz.
—Ah… —se sostuvo el brazo herido y miró con molestia a la persona frente a ella.
Era Charlie.
Maya frunció el ceño y lo reprendió sin disimulo: