Maya solía preparar café para Alexander cuando él estaba en el Golden Group, así que hacerlo ahora le resultaba natural. No podía conseguir los mismos granos que él acostumbraba beber, pero los que tenía tampoco eran baratos.
Después de colocar los cubitos de hielo en la taza, agitó suavemente la cuchara y, de repente, se detuvo.
No necesitó volverse para saber quién había entrado. Después de todo, aquella sensación opresiva le resultaba demasiado familiar.
Un pecho fuerte y cálido se presionó