Maya rió y cambió de tema.
—En realidad, prefiero la antigua villa. Allí están nuestros recuerdos.
—No he vuelto a vivir allí desde que te fuiste— dijo Roberto mirándola fijamente. —Pensar en ti y no poder verte fue una especie de tortura para mí.—
Su voz descendió a un murmullo.
—Maya…—
Ese susurro parecía quedarse suspendido en el aire antes de deslizarse en el oído de Maya, golpeando directamente su corazón.
Ella no podía ignorar lo que Roberto sentía. Todo en él la anhelaba.
Sin embargo, Ma