Hizo una breve pausa antes de continuar:
—Incluso sospechó que había ido a buscar a Roberto otra vez y me dijo que renunciara. Pero sé que no puedo hacerlo, así que nunca lo consideré. Ahora que estoy bien, ¿cuándo puedo irme a casa? ¿Quieres que la señora Fine se preocupe por mí todo el tiempo?
—Ven aquí —ordenó Alexander.
Se apoyó en el reposabrazos del sofá y la miró con una expresión sombría. Su voz era baja, ronca y cargada de autoridad.
Maya lo observó con cautela.
—¿Para qué?
—¿Estás sie