Se dio la vuelta, bajó corriendo las escaleras y se dirigió directamente hacia él.
Alexander, alto y esbelto, irradiaba un aura fría y dominante.
Maya se enfrentó a sus ojos negros, profundos y peligrosos.
En ese instante, las palabras que estaba a punto de soltar se transformaron por completo.
Entrecerró los ojos y sonrió con suavidad.
—Señor Brook, ¿ya regresó?
Alexander desvió ligeramente la mirada y lanzó su abrigo hacia Bob.
Antes de que Bob pudiera reaccionar, Maya lo tomó con rapidez.
—¡