Maya casi rodó los ojos.
¿Tenían que asumir romance con toda mujer que se acercara a Alexander?
Además, se suponía que Yvonne era su prometida.
¿Ese hombre vivía bajo una roca?
—¿Por qué no dices que soy su esposa? —se burló Maya.
—¿Es así? ¿El señor Brook ya está casado? ¡Nadie en Rheinsville lo sabía! —exclamó el hombre, impresionado.
—¿Puede un hombre de negocios como usted ser tan ingenuo? —preguntó Maya, fastidiada.
Alexander, que estaba concentrado en su juego, levantó la vista.
Su mirada