55. Felicidades, esperas un cachorro
La manada de Fuego estaba silenciosa.
Demasiado para lo acostumbrado. Solían hacer fiestas, reuniones y ritos, pero la manada se había vertido en su tarea más reciente con fiereza.
Desde la construcción del muro, los ánimos se habían endurecido. Los obreros trabajaban sin descanso, día y noche, erigiendo piedra sobre piedra como si el mundo se fuera a quebrar en cualquier momento. Sebastián observaba todo desde lo alto de la torre de vigilancia más antigua. El calor no le molestaba, pero el