54. Pronto serás madrastra
Dayleen no durmió esa noche.
No del todo.
El Espejo del Aire, las palabras de su madre, el toque de esa espía sobre Xavier… todo se mezclaba como veneno en su pecho. Su cuerpo estaba agotado, pero su mente ardía. Y cuando por fin el sueño la atrapó, no fue para darle descanso.
Fue para atormentarla.
El sueño comenzó con susurros.
Voces femeninas, risas entrecortadas. Aromas dulces y pesados, como flores podridas. Un calor húmedo envolvió su cuerpo.
La niebla se abrió ante sus ojos.
Y ahí