La revisión cardíaca estaba programada para las nueve de la mañana.
Álvaro había insistido en ir solo, asegurando a Laura que era un chequeo rutinario, algo que ya formaba parte de su calendario médico desde hacía años, sin necesidad de acompañamiento especial.
Laura se quedó en casa, intentando concentrarse en el trabajo, sin conseguirlo del todo, revisando el reloj con más frecuencia de la que le gustaba admitir.
El teléfono sonó pasadas las diez y media.
—Estoy bien —dijo Álvaro, en cuanto L