El hemiciclo del Parlamento Europeo estaba lleno otra vez.
Esta vez Laura no veía la votación desde el sofá de su casa en Chamberí. Estaba en Bruselas, en la galería destinada al público, mirando hacia abajo, hacia el espacio donde Blanca, en algún lugar entre los escaños, esperaba el resultado de la segunda lectura de su ley.
Había viajado dos días antes, sin avisar a Blanca con demasiada antelación, queriendo sorprenderla con su presencia en un momento que sabía que iba a ser importante.
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