La voz llegó desde el recibidor antes de que Laura escuchara el timbre.
—¡Abuela!
Santi y Nora habían traído a Valentina para pasar la tarde mientras ellos tenían una reunión en el centro, y la niña entró al piso de Chamberí con la velocidad particular de los cinco años, que es la velocidad de quien todavía no ha aprendido que los espacios de los demás requieren cierta desaceleración al entrar.
Laura la recibió en la puerta del despacho.
Valentina se detuvo en el umbral, mirando hacia adentro c