La llamada llegó a las seis de la tarde de un miércoles.
Álvaro estaba revisando los planos de la ampliación de Sevilla cuando sonó el teléfono. Número de Valencia. Lo cogió al tercer tono con la distracción de quien está con la mente todavía en el plano y que descuelga por automatismo.
—¿Álvaro Echeverría?
—Sí.
—Soy el doctor Ferrer, del Hospital Arnau de Vilanova. Le llamo en relación con el señor Tomás Blanco.
Álvaro dejó el lápiz sobre la mesa.
Lo que el médico dijo tardó dos minutos en dec