Laura llegó al consejo con una sola hoja.
No una presentación. No un informe de varias páginas. Una hoja A4, sin membrete, con el texto en letra normal, impresa por una cara. La puso sobre la mesa cuando todos estaban sentados y la hizo girar lentamente hasta que todos podían leer la primera línea desde sus sillas sin moverse de sus sitios.
La primera línea decía: La arquitectura social no es cosmética.
Nadie habló durante un momento.
—Léanla —dijo Laura.
La hoja tenía cuatro párrafos breves.
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