Álvaro llegó a Málaga el sábado a las once de la mañana.
Tomás lo esperaba en el mismo puerto. No en la terraza donde Laura había tomado el café con leche. En el embarcadero de los barcos de pesca, que era donde Tomás iba los sábados desde hacía diez años porque los barcos de pesca llegaban con el pescado de la mañana y él compraba dos o tres piezas para la semana y eso era suficiente excusa para estar cerca del mar una hora.
Álvaro lo vio desde lejos.
Un hombre con bastón y chaqueta de lana mi