Álvaro llamó a Tomás el miércoles.
Laura lo supo porque Álvaro se lo dijo después, no durante. El durante había sido solo suyo: veinte minutos en el coche aparcado frente a la firma, con el motor apagado y el teléfono en la mano, marcando y esperando y escuchando la voz de Tomás al otro lado decir su nombre.
—Sé que lo sabes —fue lo primero que dijo Tomás.
—Sí.
—¿Quieres que vaya a Madrid?
Álvaro tardó.
—Todavía no. Primero necesito otra cosa.
La otra cosa era la prueba de ADN.
No porque Álvaro