La orden de no contacto llegó a La Moraleja un martes por la tarde.
El inspector fue en persona, como Bruno había dicho. Llamó al timbre. Felipe, el jardinero, abrió. Carmen estaba en el salón. El inspector le notificó la orden. Carmen la leyó. La firmó como recibida.
No dijo nada.
Esperó a que el inspector saliera para marcar el número de Álvaro.
Él lo dejó sonar.
Marcó de nuevo. Cuatro veces. Buzón de voz.
Carmen se sentó en el sofá del salón con el teléfono en el regazo y la orden judicial d