Ir despacio resultó ser más difícil de lo que parecía.
No porque hubiera drama ni porque ninguno de los dos retrocediera. Sino porque ir despacio con alguien a quien uno conoce desde hace seis años y con quien comparte dos hijos y una firma implica un tipo de lentitud que no tiene mucho en común con la lentitud ordinaria.
La lentitud ordinaria consiste en no hacer cosas.
Esta consistía en hacer exactamente las mismas cosas de siempre —juntas de trabajo, recogidas de niños, llamadas de la firma,