Lo primero que Laura notó fue la taza.
No era nada dramático. Era una taza de café que Valentina dejó a medias sobre la encimera el jueves por la mañana, cuando hacía tres semanas que subía al piso de Laura todos los jueves para desayunar con los niños antes de que fueran al colegio.
Valentina no dejaba las cosas a medias.
Era de esas personas que terminaban lo que empezaban: las empanadas hasta la última, el vino hasta el fondo de la copa, las conversaciones hasta que no quedara nada sin decir