La primera sesión de quimioterapia fue un martes.
Clínica del doctor Saura, cuarta planta, sala de infusión. Seis sillones reclinables dispuestos en semicírculo, cada uno con su soporte de gotero y su mesa pequeña para la taza de té que nadie bebía hasta que no había otra cosa que hacer con las manos. Las ventanas daban a los tejados de la calle García de Paredes.
Valentina eligió el sillón más cercano a la ventana.
—Para ver algo —dijo, como si fuera la única explicación necesaria.
Laura se se