Valentina entró a quirófano a las siete y cuatro minutos.
Laura lo vio por la ventana de la sala de espera de la planta de cirugía: la camilla entrando por las puertas batientes de acero inoxidable, Valentina con el gorro quirúrgico verde que hacía que todos parecieran iguales, la mano levantada en un gesto pequeño y breve que era a la vez un adiós y una instrucción.
Quédate ahí. Ahora me toca a mí.
Las puertas se cerraron.
Laura se giró.
Álvaro estaba de pie junto a la ventana. Había llegado a