El café de Chamberí donde quedaron no era de los sitios que uno elige cuando quiere impresionar.
Era el café de debajo del piso de Laura: mesas de fórmica, sillas que no hacían juego, el camarero que la conocía ya por el nombre y le traía el cortado sin que lo pidiera. El tipo de sitio que existe para los vecinos, no para las ocasiones.
Álvaro llegó con cinco minutos de puntualidad, que era su manera de llegar cuando no quería parecer que tenía prisa pero tampoco que era descuidado. Se sentó. M