El doctor Saura tenía sesenta años, manos de cirujano y la costumbre de hablar sin eufemismos que solo tienen los médicos que han aprendido que los eufemismos no hacen al tumor más pequeño.
Se sentaron los tres en su consulta del Hospital Universitario La Paz: el doctor Saura detrás del escritorio, Laura a la izquierda de Valentina, y Valentina en el centro con las manos cruzadas sobre el regazo y esa postura de quien lleva semanas preparándose para escuchar lo que ya sabe que le van a decir.
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