La postal llegó un martes, mezclada con el resto del correo habitual.
Laura la reconoció de inmediato por la caligrafía, esa letra inclinada y un poco apresurada que Santi usaba para escribir a mano, distinta a la precisión que aplicaba a sus dibujos pero igualmente reconocible.
La imagen mostraba un fragmento del muro de Berlín, fotografiado en blanco y negro, con grafitis apenas visibles en los bordes.
Le dio la vuelta.
Mamá: estoy exponiendo aquí un mes. La ciudad donde la abuela Valentina v